"Canción para chicos tristes" de Irene.



No sé por qué te escribo, pero estoy casi seguro de que influye el que no me leas.

Verás, he estado haciendo cuentas y desde que no estás las noches son la mitad. No, tampoco te estoy pidiendo que vengas. Qué agobio, con lo tranquilo que estoy solo.


Leyendo a otros poetas que hablan de ti, escuchando canciones que hablan de mí y fumando para ignorar a lo que el resto dice. 


Tirado en la cama con ese pijama que no te gusta, no sé si agarrarme una cerveza o la. En fin, ya me entiendes.  Contigo ya no me quedaría nada puesto, salvo yo hasta las cejas de ganas. 


Ya no me llamas, pero sigues sin hacerlo por mi nombre cuando lo haces. Y eso me gusta, supongo. 

Te echo de menos en casi todas las situaciones. Literal. Echo mucho de menos de ti a cualquier cosa, por si conlleva la misma dependencia y la liamos. 

Yo sólo quería sentarme contigo en el suelo.  Que me contases una y otra vez el día. Mirarte atento, como se mira a lo increíble; o a lo que no se está creyendo, con desconfianza. 


'Eres un chico increíble, no me creo nada de lo que dices.'   - Dijiste un día.-   Y desde entonces, es de noche. 


A ver cómo te explico ahora que sólo soy un mentiroso.  Despacio; que nada tiene que ver con ser mentira. 


Verás, no te asustes. 


Que el monstruo viva debajo de tu cama es un aburrimiento si lo comparas con que te salve la vida con la piel encima.  


Una pistola sólo dispara si la cargas, recuerda.  Y tú tienes todas las balas y yo estoy hecho pólvora.


A ver cuándo te pasas por casa de verdad; y dejas de pasearte desnuda por la habitación cuando me masturbo agotado de la idea de imaginarte. 


Me voy a acostar con el recuerdo. 

Ojalá contigo, joder.

Tú seguro que tampoco andas durmiendo. Y vuelas arañando esos mundos que te inventas como espaldas que te desean. 


Seguro que estás sonriendo, qué hija de puta.


Lo cierto es que puede que empiece a quererte. O tal vez sólo sea esta necesidad de una dosis de indiferencia tuya, de esas que valen por cien abrazos con las piernas de otra. 


Al final me voy a quedar dormido con tu nombre y no tu, ya me entiendes, en la punta de la lengua. 


Y te voy a volver a imaginar despierta excitando al techo. 


Y joder, estás tan guapa.


Al final nos vamos a enamorar los dos. 

 Irene X. 

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