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Mostrando entradas de agosto, 2013

Sin asunto.

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No me creo que hayas superado el miedo a la soledad. No me creo que lo que dices sea verdad. Nada de lo que dices es verdad. "¿Cómo podía yo sospechar, que aquello que parecía tan mentira era verdadero?"
Que tu fuiste quién me advertiste de quién eras, en el primer mes sin saber dónde llegaríamos. Que tú fuiste quién tiraste la primera piedra, es decir, quién dijo primero te amo, para luego meter(me) la mano. Confiaste en mí el primero, pensaste en mí el primero, hasta que te diste cuenta de que, de qué? Y lo nuestro(tuyo) se fue deteriorando...
No éramos tan diferentes, si coinciamos en todo, o casi, o casi nada.
Quién quiere puede, y con eso basta. O al menos debe de bastarte a ti, porque a mí siempre ha quedado claro que poder puedo, y querer pues.
Quiero.
 Que sepas que algún día la vida te pasará factura, te hará sentir lo que me hiciste sentir. Aunque espero que sea bien tarde cuando ya te odie igual o más de lo que te quiero. Porque ambos sabemos que entonces vendrás.
&…

Reflexiones bajo la Luna llena de agosto. Vol. II.

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Otra cita más con mi doctor. Un diecinueve de agosto.
Cualquiera que se entere de lo que hacemos, o me haces en esas camillas de operación... ―¿Qué? ¡Yo hago mi trabajo!― me dices. Con nosotros dos solos, la profesionalidad se queda en la puerta de la consulta.
Y es que es así, la confianza da asco; asco de que estés enamorado de otra que no soy yo, justo cuando lo que yo necesito es desenamorarme de otro que no eres tú, para que esa felicidad que me transmites no me dure sólo dos días desde que pasamos unos minutos juntos.
Quiero que sea verdad eso de que yo sea "The constant happiness". Que lo que tú no entiendes es que la constancia es algo continuo, y lo para que sea continuo debo saber que eres mío de verdad, que eres mío otra vez, que eres mío para siempre. Que la felicidad constante en mi cara sólo existe cuando estoy contigo, y eso es lo que no sabes. Que me digas bonita, guapa, que me mires e intentes comerme con esos ojos verdosos, ya que con otra cosa no debes. Q…

Una cita más con mi doctor. Un dos de julio.

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Imaginadme con una felicidad constante y una infinita sonrisa en la cara, cómo de tonta, sí. Y a él, pegado a mí, todo el tiempo, lo más cerca posible que pudiera estar en cada momento; y con sus ojos clavados en mi, en mi entera. Entramos en la habitación y cerró la puerta con llave. Tras saludarnos debidamente, puso música, según él, para "relajar" el ambiente. -Quítate todo lo de arriba menos... ¿cómo dicen los antiguos? El sostén. Que eso te lo quito yo cuando estés tumbada. Seguí sus instrucciones. Ya, dije. Se acercó. Empezó a acariciarme toda la espalda, de arriba a abajo, con una sola mano. - ¿Te has desabrochado el pantalón ya? Desabróchatelo y bájatelo un poco que no te quiero manchar. Bueno aunque si te mancho no pasa nada. Pero desabróchatelo mejor, sí. ¿Tu sujetador que tiene un seguro? ¡Anda que no me ha costado nada quitártelo!

DIÁLOGO-MONÓLOGO 1
- Seis. ¿Cuánto nos llevamos? Seis años. ¿Oye sabe usted cuánto se llevan estas dos personas? Seis. ¿Disculpe cuánto? Sei…

Reflexiones bajo la Luna llena de agosto. Vol. I.

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A ellos, los que más, amor, de verdad. "Que de las paredes pa´fuera, tó es mentira".

Verla llorar antes de dormir no es nada agradable la verdad, pero bueno al menos la veo; y al menos se que no es nada mortal lo que acecha su alma inmortal.  O quizás sí, a ver, de algún lado ha tenido que salir esta sensibilidad lagrimal y sentimental que tengo yo en los ojos, y el corazón; ¿no?
No somos tan diferentes, al contrario. De eso que llaman "esta niña es madrera". Pues sí. Siempre ha habido una conexión especial, bueno, más que especial entre nosotras. Ambas sentimos igual, pensamos igual (bueno ella no entiende eso de "magrearse con tios por placer", cómo si yo lo hiciera... já) tenemos los gustos por igual... aunque bueno ella es algo más protestona y fuerte, aunque creo que eso es algo que se adquiere con la edad.
Ha sufrido bastante en sus ni 40 años de vida que lleva, y ha conseguido mucho, ha conseguido ser feliz a su manera, y conformarse con poco. Comer me…

Qué ingenuo te hacen sentir los sueños.

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"La misma imagen me atosigaba todas las noches: Rosa­lía flotando frente a mi ventana, con una blusa roja que se removía a mi antojo y susurrando mi nombre. Qué ingenuo te hacen sentir los sueños. Abrazas donde no hay nada que abrazar, hablas donde no hay con quién hablar, suspiras fren­te a un espejo que te devuelve tu imagen y nada más. A Rosalía la metía en mis sueños para poderle mirar a la cara al día siguiente con esperanza y no derrotado como intuía que empezaba a estar. ....



...El sol primaveral se colaba por la ventana sin ningún per­miso más que el de existir."David Generoso Gil. (D.I.O.S.)

Comienza por hacerle caso a tu sonrisa.

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Que la vida valga la alegría, no la pena.


El mérito no está en no fracasar nunca, si no en tener la capacidad de que cada vez que fracases, seas capaz de empezar de cero, hasta conseguir lo que deseas. Sacar la motivación de dónde sea, pero sacarla para seguir adelante a pesar de las caídas, y volver a levantarte hasta que lo consigas. El mérito está en no desistir de tus sueños, no ver ninguna meta como algo imposible dentro de tus capacidades, fomentar cada día capacidades nuevas. Porque todos somos capaces de todo con las ganas y intenciones suficientes. Que le mérito no está en hacer que todos crean en ti siempre, el mérito está en que cuando nadie crea en ti y digan que no eres capaz de algo, saques el coraje de confiar en ti mismo y saber que sí que puedes hacerlo. Porque nadie, sólo tú mismo, pone los límites a tu vida. Que no existen fronteras cuando uno cree en sí y piensa que merece ser feliz. No te quedes atrás, avanza, sigue adelante y crecerás. Que todos los obstáculos …

Quiero tener los labios rojos, de besarte el corazón.

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Desde que te fuiste
todos los días dudo de ti.
De mí.
De los besos que aún no nos hemos dado.
De mi azar, mi locura.
De tus manos.
Quítame este vértigo,

no dejes que caigamos.

Se que tus lunares sí me echan de menos.

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Nunca podré esconderme  de mí misma.


Ella está sedienta, sedienta de besos, de esos besos que dejaban tu saliva en ella, corriéndose cómo si tuviera vida propia. Qué saliva. Ella está hambrienta, hambrienta de caricias, de esas que se guardan debajo, de las que dejan marcas por horas, días e incluso años. Qué posturas. Está muriendo porque tus manos vuelvan, porque vuelvan y la toquen, y la sientan. Está muriendo porque vuelvas y le digas bien cerca que en realidad nunca te fuiste. Me dijo el otro día que quiere que le beses los lunares, otra vez, uno a uno; que ella ha perdido la cuenta desde que tú no estás. Dice que es mucho para ella, ¿qué ilusa verdad? Si supiera todo lo que le queda por guardar, y contar... Me dijo que no te dijera su nombre, que: "él sabrá de quién le hablas".  Espero que no la hayas olvidado aún, que de vez en cuando la recuerdes, cómo el jabón que le quitabas aquella tarde en tu bañera. Cuando la veas no le hables de mí, no le digas que te dije nada…

Que me den las seis, otra última noche.

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Yo también quiero que me den las seis, que me den las seis en esa cama desvelada por ese tremendo dolor de cabeza producido por  soportar tanto Amor seguido...
Que al desvelarme cualquier noche, me den las seis, las manecillas del reloj que todos los días te despierta de soñar, de soñar conmigo o de mí.
Que me invada una terrible angustia al mirar por tu ventana y ver tu calle inmensamente vacía, como aquella vez, y pensar que quizás no se repita esa situación, en Mi Vida...
Que con el corazón encogido me intente levantar a calmar mi sed y no pueda, porque estés ahí dormido, a mi vera.
Besarte suavemente en los labios para volver a conciliar el sueño sin despertarte de él, concienciándome de que no te pasará nada, porque estás a mi lado y te tocaré como si fueras una frágil y hermosa balada.
Besarte en la frente mientras me pego a ti para sentir tu calor y así decirle a mi corazón que no te pasará nada, estando junto a mí, nunca te ocurrirá nada.
Yo también quiero que me den las seis…