Que me den las seis, otra última noche.

Yo también quiero que me den las seis,
que me den las seis en esa cama desvelada por ese tremendo dolor de cabeza producido por 
soportar tanto Amor seguido...

Que al desvelarme cualquier noche,
me den las seis,
las manecillas del reloj que todos los días te despierta de soñar,
de soñar conmigo o de mí.

Que me invada una terrible angustia al mirar por tu ventana y ver tu calle inmensamente vacía, como aquella vez, y pensar que quizás no se repita esa situación,
en Mi Vida...

Que con el corazón encogido me intente levantar a calmar mi sed y no pueda,
porque estés ahí dormido,
a mi vera.

Besarte suavemente en los labios para volver a conciliar el sueño sin despertarte de él, concienciándome de que no te pasará nada,
porque estás a mi lado y te tocaré como si fueras una frágil y hermosa balada.

Besarte en la frente mientras me pego a ti para sentir tu calor y así decirle a mi corazón que no te pasará nada,
estando junto a mí, nunca te ocurrirá nada.

Yo también quiero que me den las seis,
para volver a dormirme antes de que me despiertes, con el desayuno puesto, para hacer el amor.

Yo quiero que me vuelvan a dar las seis,
una noche cualquiera,
como aquella última noche.

Yo quiero que me vuelvan a dar las seis,
tus sábanas, tu aliento, tu cuerpo, tu alma...

 Y cuando me desvele,
  estés ahí,
a mi vera.



El truco está en que tu punto débil seas tú mismo, y no otro.
 Si no, te verás condenada por siempre en un vacío abismal llamado: Amor... (16.6.13)

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