Se que tus lunares sí me echan de menos.

Nunca podré esconderme 
de mí misma.



Ella está sedienta, sedienta de besos, de esos besos que dejaban tu saliva en ella, corriéndose cómo si tuviera vida propia. Qué saliva.
Ella está hambrienta, hambrienta de caricias, de esas que se guardan debajo, de las que dejan marcas por horas, días e incluso años. Qué posturas.
Está muriendo porque tus manos vuelvan, porque vuelvan y la toquen, y la sientan. Está muriendo porque vuelvas y le digas bien cerca que en realidad nunca te fuiste.
Me dijo el otro día que quiere que le beses los lunares, otra vez, uno a uno; que ella ha perdido la cuenta desde que tú no estás. Dice que es mucho para ella, ¿qué ilusa verdad? Si supiera todo lo que le queda por guardar, y contar...
Me dijo que no te dijera su nombre, que: "él sabrá de quién le hablas".  Espero que no la hayas olvidado aún, que de vez en cuando la recuerdes, cómo el jabón que le quitabas aquella tarde en tu bañera.
Cuando la veas no le hables de mí, no le digas que te dije nada, sólo siéntela, como si de la última vez se tratase. Se merece ser libre, conocer otras pieles, otras temperaturas corporales... Pero es que cada vez que me habla de la tuya se le erizan los bellos, como si acabase de ver un gato negro.
"Los gatos negros no dan mala suerte comparado a lo que puede darte no olvidarte de él" le dije el otro día, sólo escuchó lo que quería, que dice que los gatos negros le recuerdan a la suerte que tenía cuando se rozaba con tu piel...
Pero qué entenderá ella de suerte, si es una mera mendiga de mí salida. Si vive en mí y conmigo. Una esclava que muere por chillar a los cuatro vientos que te ama, y que cree que nunca dejará de hacerlo.
Quizás no debería decirte esto, Amor, pero ella se merece que la sientas. Espero que aún no la hayas olvidado, y que la recuerdes cómo aquel frío que te recorría la espalda estando tirado en el suelo mientras te hacía el amor.
En realidad; lo que se merece es que te olvide, yo se lo digo una y otra vez, pero ella vuelve a gritarle a tus manos que vuelvan, aunque no las escuchen.
Que resulta que está mañana cuando la desperté, me dijo llorando que por favor, no la beses más dormida, si cuando se despierte no vas a estar ahí para abrazarla tras la pesadilla.
No la quiero ver más llorar. No te mereces sus sudores, ni sus alientos.
Si te la merecieras, no nos habrías dejado a solas tanto tiempo.
Ah, que le mandes un recuerdo a todos tus lunares, que los echa muchísimo de menos, más que a ti, dice...
No me despido, porque ni eso te mereces.

Anónima.


Querida mía piel:
Ya le he escrito, no me he despedido, a ver si así él viene a despedirse de ti.
Se lo he dicho todo, menos que ardes en deseo, eso quiero que se lo digas tú cuando vayas a sentirlo. Que dicen que más vale una imagen que algunos caracteres mandando indirectas. Que por cierto, ni eso sabe.
Querida piel, te mereces alguien mejor, quizás no lo encuentres con una piel tan suave, caliente y sincera; pero más vale buen cari' en mano, que cientos de engaños de él volando.
Quiero que conozcas otra piel, para que mi corazón descanse de tanta soledad, de tantas autocharlas entre nosotras que no llegan a ninguna parte.
Cuando consiga hacerte entrar en razón, voy a encerrarte con llave, que lo sepas.

Atentamente, la capulla de tu Ana.

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