Una cita más con mi doctor. Un dos de julio.

Imaginadme con una felicidad constante y una infinita sonrisa en la cara, cómo de tonta, sí. Y a él, pegado a mí, todo el tiempo, lo más cerca posible que pudiera estar en cada momento; y con sus ojos clavados en mi, en mi entera.
Entramos en la habitación y cerró la puerta con llave. Tras saludarnos debidamente, puso música, según él, para "relajar" el ambiente.
-Quítate todo lo de arriba menos... ¿cómo dicen los antiguos? El sostén. Que eso te lo quito yo cuando estés tumbada.
Seguí sus instrucciones. Ya, dije. Se acercó. Empezó a acariciarme toda la espalda, de arriba a abajo, con una sola mano.
- ¿Te has desabrochado el pantalón ya? Desabróchatelo y bájatelo un poco que no te quiero manchar. Bueno aunque si te mancho no pasa nada. Pero desabróchatelo mejor, sí.
¿Tu sujetador que tiene un seguro? ¡Anda que no me ha costado nada quitártelo!


DIÁLOGO-MONÓLOGO 1

- Seis. ¿Cuánto nos llevamos? Seis años. ¿Oye sabe usted cuánto se llevan estas dos personas? Seis. ¿Disculpe cuánto? Seis, seis. ¿Lo podría repetir? Seis. Repetir, tiene seis palabras. ¿Cuántas? Seis, qué casualidad. Dentro de seis años Anita tendrá 25, en el 2019. Ahí entonces sí, tal vez, a lo mejor... Seis.
- ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- En el 2019. Dentro de seis años. O quizás en el 2014, no sé. De aquí hasta entonces habré cambiado mucho, habré madurado mucho, y no te gustaré. En estos dos años he madurado mucho, ni te imaginas todo lo que he aprendido y cambiado.
- No me importa. Mientras cambies para bien...
- Siempre cambio para bien, soy más paciente y comprensible, menos loco. Menos loco...
- ¿Hace dos años eras más loco?
- Sí.
- ¿Entonces hace cuatro mucho más, no?
- ¿¡Qué estas pensando Anita!? ¿¡Qué estás pensando!?
Entre movimientos de manos que hacían masajes que ni yo misma sabía dónde acababan, sólo él ponía el límite.
- Nada.
- Quiero saber qué se te pasa por la cabeza ahora mismo, me puedo imaginar qué estás pensando, pero me gustaría saberlo. Nos conocimos hace 4 veranos... En un carranza.
- Sí, en agosto.
- 15 de agosto, no 16. Jugando a los marcianitos con chupitos de gelatina, que no lo quería beber porque llevaba alcohol y al final tuve que probarlo.
- Y yo pensaba que era mentira de que no bebías alcohol y al finde siguiente te vi con tu zumito de piña...
- Y nos llevamos 3 horas hablando como siempre... Llevabas un vestido amarillo. Más guapa...
- Y tú un chaleco azul...
- ¿Por qué nos acordamos hasta de la ropa? Todos los detalles y todo de un día hace 4 años, no es normal. Bueno tú sí, eres una mujer, pero ¿yo?.
- Eso, ¿por qué te acuerdas de todo? explícame.
- Mmmm... Por algo será...
Mientras, me acariciaba la espalda suavemente cómo si se tratase de un frágil cristal lo que estuviera tocando.


DIÁLOGO- MONÓLOGO 2.

Abrochándome el sujetador. -Date la vuelta y ponte como si fueras a montar un caballo, o los toros de la feria, cómo quieras. Abierta de piernas, cada una hacia un lado. Las manos detrás de la espalda. Ahora ven, pégate a mí. Más. Más. Mientras me tiraba hacia él del pantalón desabrochado y sin dejar atrás mi tanga. Ahí.
Oye tienes las rodillas rojas, así  no puedes salir de aquí, yo no digo nada pero la gente piensa muy mal.  A ver si va a venirme corriendo el profesor gay de pilates para que se la meta a él.
- Guarro, ¿por qué eres tan borde?
-Uy, perdón. I'm sorry. I'm so bad. Seis, nos llevamos seis. Es que eres muy pequeña cariño. Con 15 años te conocí, que malo soy por dios.
Me acabo de acordar de que tengo una bata que te tendrías que haber puesto para taparte el pecho... Pero bueno da igual, así sin ella, estás mejor.
Mientras sus manos han ido a parar a mi vientre, y ahí están, tocándome, como si nada.

DIÁLOGO- MONÓLOGO 3.
- Ahora quiero que te tumbes, y te relajes.
Me lo dice mirándome el pecho, y con una sonrisa pícara que no le cabe en la cara. ¿¡¿Así quién se relaja?!? Empieza a acariciarme la cabeza y el cuello desde detrás, arriba, y yo lo veo cómo spiderman.
- Hola, Mary James. Cierre los ojos, y no piense en nada usted.
-No puedo, lo voy a intentar, pero no puedo dejar de pensar. ¿Cómo quieres que me relaje?
-Deja de reírte, tonta. ¿A qué te apago la luz y nos quedamos a oscuras y te hago cosas para que te relajes? Noooo... aquí no, tranquila. Que van a pensar cosas que no son. Aquí no puedo.
Lo que él no sabe, pobre iluso, es que su sola presencia es lo único que me relaja, su voz la que me llena de alegría y me calma.
[...]
Cuando acaba me deja media hora tumbada en la camilla, porque le gusta verme ahí echada, mientras me habla.
-Qué guapa eres. Mira qué guapa es ella, coño. Qué carita tiene. Para la próxima en mi casa, y así puedo apagar las luces si quiero y te pongo velitas para que te relajes. Lo que pasa que en mi casa... já...

Él pone las normas y el límite porque es mi 'doctor', cuando sea yo su dama, a ver cómo las cosas cambian... y ahí no habrá límite que valga.
Si él se muere de ganas, igual que yo, si se le nota en la mirada. Y por la boca, ya os habéis dao cuenta, que más de una se le escapa...




Igual pero en hormiga.



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