La navidad de los mayores.

 Pocas veces nos paramos a pensar en las personas que nos rodean desde que tenemos conciencia. Están ahí, desde siempre, desde donde tu mente puede recordar. Por desgracia la mayoría de las personas, cuando nos queremos parar a observar y a  valorar, es demasiado tarde. Creemos que estarán con nosotros todo lo que nos quede de vida, no nos paramos a pensar que sus vidas también se acaban, simplemente porque al no pensarlo hacemos menos consiente ese hecho tan doloroso. Para qué sufrir antes de tiempo y más de la cuenta.

En estas fechas vas más a menudo a visitarlos, o en mi caso, viene a visitarme. No tiene casa dónde estar como ella dice, porque cinco viviendas con nietos no le basta, porque en ninguna de ellas está él. Viene algunos fines de semana al mes a casa, y cuando llega parece que lo busca en mi cara, cuando me estrujaba los mofletes mientras me decía: "mi Ana, la más guapa". Y se le saltan las lágrimas, o ríe, pero con las lágrimas al borde de un precipicio donde parece que la amargura nunca acabará, ni el desahogo nunca se hará, porque él ya no volverá. Después de toda una vida juntos, con sus engaños y  verdades, sus 5 rosas y sus 8 margaritas, llega uno de los males que invaden el mundo, y se lo quita.

5 claveles blancos por el día de la madre, de sus hijas, de parte de un padre que ya no está. Pero para no perder las buenas costumbres. Pues. Un nuevo nieto que crece sin sus bromas, una nueva boda que sin su presencia se asoma. Y una esposa que espera, dejar que el Alzheimer le lleve todo para sólo recordarlo a él, y llorarle a él, y vivir de nuevo con él. En su mente.

El tiempo pasa de prisa, hace 1 año y cuatro día estábamos con ellos en familia, y quién diría que unos meses después, tan joven, y tan deprisa, esta vida injusta nos lo quitaría. Las primeras navidades sin ti, abuelo, y no hablo de mí, hablo de ella. Que en cada atardecer te espera ver en la cama, para que le des las buenas noches. Que cada mañana busca su desayuno, y su beso de madrugada.

Ellos se aferran a lo que tienen, a lo que les queda, a lo que la vida aún no les ha quitado. Y aunque no les quede nada, qué bien saber que hay mayores que aún buscan una razón sentados en un banco cada día para simplemente ver gente pasar, para que sus últimos recuerdos de la vida le dejen con buen sabor de boca. Aunque todo ya parezca amargo, aunque su último aliento sea para su amada o para su chica de alterne preferida o para su viejo perro, la vida tiene sentido hasta el final, cualquier día del año, pase lo que pase y tengas lo que tengas. Y ese sentido no es más que vivir y saborear la vida, lenta y placenteramente.



  

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