Ojalá no me robe la intimidad otro cuerpo.

Siempre decías que caminábamos en la misma dirección, pero hacía destinos diferentes. Por lo tanto, tarde o temprano nuestros senderos se separarían. Y mira al final fue temprano. O no. 

Y aquí estoy yo, la primera noche de diciembre de este primer año sin ti. Que me he puesto el pijama temprano porque llegar a casa a una hora tan prudente y sin ganas, sólo se debe a que me quedé con las tuyas.

Que has venido sin haber vuelto.

Y yo aquí esperando a ver qué quieres o vas hacer. Con miedo a avanzar y a dejarte atrás. A encontrar algo nuevo y que no me arrepienta de ignorarte quizás.
Nunca pensé que una página podría pesar tanto, como le pesa a mi alma ese llanto que a veces no aguanto.

El sueño y el dolor se acumulan. Este mes (la regla) me está matando, quizás si duermo ya, se me pase el mal estar (por eso de dejar de pensar).


Lo bonito sería que viéramos, que creyéramos, que hiciéramos, que nuestro destino fuera el mismo: pertenecer juntos.



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