El problema siempre es ponerse, ya después todo fluye.

Echar de menos es malísimo. Sobre todo cuando la distancia es tan grande que ni las estrellas del cielo son las mismas. Menos mal que de pequeñas nos adueñamos de una, y ahora ni la mayor guerra mundial con opuestos continentes de por medio, podrán quitarnos ese cachito de universo. Hace ya mucho que te marchaste, perdí la cuenta a la segunda semana para intentar hacer que de vez en cuando mi mente se olvidara de que estás tan lejos. “Lo kilómetros se vuelven centímetros cuando el amor es verdadero.” Cuantas veces me oí decir eso. Por mucho que duela es así de cierto. Hace mucho que no hablamos, “no tenemos mucho tiempo” ambas nos excusamos. Nos va bien, dentro de lo que le cabe a cada una en el alma, con sus penas y sus alas. La vida no es justa, aunque en cierto modo dicen que le da a cada uno lo que se merece. Hermana, aún somos muy jóvenes, ya nos dará lo nuestro, vos sabes que la juventud está en el alma, y que juntas en cualquier momento podremos recuperar el tiempo “perdido”. Sólo basta con que nos den algo de dinero para viajar, o un mega puente que comunique ambos hemisferios, surcando océanos y cruzando el gran atlántico.

Echar de menos es feísimo. Sobre todo cuando sabes que seguimos tan cerca la una de a otra que si cierro los ojos te siento a mi lado con esos mimos que nunca te cansas de dar, porque eres la ternura en persona. Hermana, desde aquí te mando fuerzas para que la sonrisa te aguante tanto que destruyas lo que te causa espanto, y que fortalezcas aquello que te hace vivir cada día. Te espero esta noche en la misma estrella de siempre, donde nuestros sueños se unen, una noche más, un instante más, para vivir o revivir otra más de nuestras maravillosas aventuras. 








Desde Santa Lucía a Argentina.

Abrazos, mi reina. 

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'Dame vida, toma el tiempo, que me ahoga.'