Sobreviviremos a los entretiempos.

. No quiero que nadie me entienda cuando digo que quiero escuchar la más linda melodía del planeta y abro mi ventana para respirar. No quiero que nadie comprenda mis ganas enfermizas de morderle a sonrisa que hacen que me haga heridas hasta en los dientes, y parece que sí, pero no alivia si no es su piel.

Hay domingos maravillosos y otros que son de odiar. Té negro para calmar la sed. 
Hay calores que se anhelan, suspiros que pesan, y prosas sin sentido donde las letras desgarran a la vez que sus espacios alivian, y que empiezan con un punto, por ansiar su final.

El viento golpea las mejillas, para despertar las pupilas que miran hacia abajo para no chocar de frente con ningunos ojos desesperados que le aúllen a miradas que la espera en su cama, mientras tose para disimular.

Llevas horas sin volver.
Alguien ladra a lo conocido,  por no querer aceptar que todo ha cambiado y que lo que antes era,
ya no es.
No se puede pensar lo impensable, el sonido de los árboles a moverse también dejan sorda, cuando el danzar de sus hojas jugando a ser pájaro, te hacen perder el norte mareándote hacia el más puro sur. Eres mi punto cardinal favorito.         Aunque se corran en la brújula que nos guía hacia nosotros mismos y nuestro buen sentir.      Sobreviviremos a los entretiempos esperando la llegada del duro invierno, con el calor de nuestros cuerpos, y con miradas de fuego en la playa de aquellos días de ensueño.


Los domingos son así, no debes de esperar la llamada de nadie que se quedó sin saldo de olvidar. Té blanco para soñar. 
Hay que dejar que se consuman las horas a los pies de la chimenea con los rayos de luz alumbrando el piano que te diga cómo va la realidad. Y aprovechar a tu manera la forma de que se te vayan las penas, disfrutando de ti y del respirar. 


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