Este jueves pesa más de lo normal en mis ojos.
Llueve en mis adentros, de abajo arriba, calando mis huesos.
Lo peor de la soledad es cuando se está sin estar, cuando hasta los susurros suenan a voces que no dicen nada pero que marcan.
Nadie puede borrar el pasado que te ha formado desde los inicios, nadie puede crear el futuro si no está vivo en el presente.
Querer ser más de lo que eres no sirve para nada cuando no eres capaz ni de ser lo que eres hoy mismo. Hay que avanzar paso a paso, correr en este aspecto de la vida no te valdrá para nada, tendrás que pasar las 4 estaciones al año, lo quieras o no.
A veces pienso que es mejor haber perdido por momentos el desahogo en versos, también duelen. Hay palabras que se clavan tanto que no alivian escucharlas ni en tu mente una sola vez.
El vacío lleno de impotencia llena tanto el corazón que no lo deja ni respirar, notas que te falta el aire, las palabras, y las ganas de seguir cuando no sabes ni cómo.
Las mariposas llegan tan rápido y los nudos en el estómago tardan tanto en irse... qué poco dura lo bueno cuando se está bien, qué rápido se pasa la alegría.
Y qué larga se hace la espera de que se vaya toda la mierda que se dice cuando no se sabe qué decir.
Qué pena me doy a veces, cuando grito tantas cosas para mis adentros y nadie me escucha. Quiero que vuelvas de nuevo, y que no te tenga que pedir jamás que te quedes, que te quedes para siempre.

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