Demasiadas cosas en la cabeza.

Quién le diría a nuestros antepasados, abuelxs y bisabuelxs, después de tanto mamado y callado, ahogados cada día por miserias y conformismo elaborado y cedido de la clase superior, que sus descendientes vivirían infelices deseando siempre más y pecando a rebosar de inconformismo.
Cómo podríamos explicarnos y explicarles lo que ha ocurrido.
Nos asustamos ante el vacío, ignorando todo el que tenemos en nuestro interior. Buscamos siempre más, sin detenernos antes a apreciar lo que ya tenemos gracias a la lucha de los demás.
Derretimos la paciencia de cualquier criatura, ante tanta prisa acumulada diaria.
Quién le diría a nuestros antepasados, que viviríamos en condena por tener todo lo contrario a lo que ellos tuvieron, libertad.
Sí, libertad. Como creemos que podemos amar a quién queramos, no aguantamos de nadie ni el respirar. Corremos al sofá, al camino fácil. Huimos de la maravillosa creatividad, de innovar. Nos copiamos de la decoración de revistas para nuestros hogares, preferimos trabajar en oficinas para otros antes que labrar nuestro propio sendero.
Nunca me gustó generalizar, pero estoy enfadada con mi 'yo sociable', que se deja llevar por las comparaciones y el qué dirán. No quiero tanta libertad retenida, quiero ser yo en mi hogar, encontrar mis propios paraísos y dejar de soñar con el de los demás.
Ojalá algún día, en un futuro algún descendiente nuestro recuerde el pasado de nuestros antepasados, y este presente que está caducando... Y sepa encontrar el punto medio, e invente una palabra para definir el estado ansiado: entre reprimidos e incontrolados.
Ojalá me haga descendiente de mí misma, y me cuente este cuento al dormir cada noche hasta hacer mi propio sueño realidad, y ser mi héroe favorita. Y salvarme.

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