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Mostrando entradas de agosto, 2016

Días en blanco y negro.

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La profundidad del sueño la da la vida, hasta para soñar existen límites, aunque queramos creer que no.
Nuestra mente está restringida, por la sociedad que cuestina qué mereces tener según dónde y cómo vivas.
El reloj no marca las horas, el tiempo se esfuma entre nuestros dedos como el agua de un río entre las rocas: sintiéndolo demasiado pero sin poder detener nada.
El reloj no marca el momento, nunca deja de correr como un niño travieso, que antes de tropezar gira la cabeza y mirándote sonríe diciendo: envidia la inocente felicidad que siento.
Todo es tan artificial como este frío en pleno agosto; la locura se refría, estornuda y no sabe hacia dónde volar.
Vivimos de los demás, y ellos nos consumen cuál vagabundo a restos de tabaco en colillas apagadas por esta sucia humanidad.
Golpes y más golpes, qué lujo es el silencio, callar y sólo escuchar a la naturaleza llorar. Nos embarcamos en el día con prisas, pensando siempre en que lo mejor está por llegar, que mañana ya dios dir…

No importa la distancia.

Ella es luz en la noche,
es la luna a la mar,
es brújula al destino,
es todo lo que cualquier hombre
pudiera desear. Ella es esperanza a la enfermedad,
fe al corazón,
es un sueño vivido,
es una caricia a la razón.Ella es oración a los caídos,
es lo que una aguja a un hilo,
es nostalgia en la distancia,
es un sueño cumplido,
es un beso a la razón.Ella es el amor verdadero personificado,
es la pasión de una niña con su muñeca,
el avión que me lleva,
por una amistad de maravilla.Ella hace creer en la vida,
sentir que todo esto que vivimos rima.
Tiene el poder de convertir,
versos en abrazos cualquier día.Ella es la luz que me guía,
es la estrella mía,
ella es poesía.
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Mi melancolía necesitaba un respiro, no darle más vueltas, y dejar de marearme por unos momentos.Tristeza, no me culpes por querer olvidarte. Últimamente te repites demasiado, no necesito extrañarte.

Ronchas de un quererme.

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Cómo puedo saber si tengo lo que quiero, si quiero lo que tengo. Cómo puedo saber si quiero lo que tengo, si siempre acabo queriendo que tengan lo que quieren los demás.
Si tengo la mala costumbre de pensar en mí cuando ya de nada vale. Me rectifico constantemente, corrigiendo lo que yo misma he decidido por mí, por si alguien lo malentiende. Pido perdón cuando me han destrozado, hablo demasiado pero aún más callo. Arrasca fuerte, que pica demasiado el olvido cuando se trata de tu propio pellejo el que dejas al antojo del destino.