El olor del jabón de la infancia que vuelve cuando ya has crecido, el olor de los días de fiesta en que tu madre te peinaba te atrapa en una casa ajena cuando menos te lo esperas.
Escucho batallas ganadas por voces que creen que la han perdido, la debilidad dicen que se destruye a base de golpes, pero no veas la de lágrimas derramadas y lo que duelen las heridas.
Evito fotografías que me agarren el corazón de un pellizco, y hay otras que se las pegan a los ojos para que se le sequen de llorar creyendo que así se irá ese vacío.
La añoranza y la melancolía son dos damas que se acuestan con el futuro mientras el pasado les golpea, ignorando el presente que se desangra sin ningún espectador.

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