Pausas.

Me paro a escribir.
Parece que teniendo posibilidades de acertar, buscamos equivocarnos. Una lucha entre cruces de luces y crepúsculos, un pasillo vacío de ideas siguiéndole la corriente a la rutina.
He leído a un señor que dice que la moda de este invierno será llevar los tobillos al aire y el cerebro bien tapado, está muriendo la esperanza de que cambie y no sea eso cierto.
Qué indefensa se siente una cuando ríe ante un alma que ya se ha ido, recuerdas sus carcajadas mientras aprietas fuerte los párpados sobre tus pestañas negando lo inevitable, que algún día olvidará esta mente torpe, su voz.
La pena contaminando los pulmones y el resto de órganos internos, como la más mala nicotina, adictiva, que hace sentirse más que nunca viva.
La sordera del llanto, como si las lágrimas además de la visión, hiciera borrosa la audición.
No existen flitros para este estado anímico, para esta lucha entre valorar lo puta que es la vida, y la puta que disfruta.
Si matamos a la bella naturaleza, cómo no vamos a esperar que nos la devuelvan.
A veces te siento conmigo, pero yo mientras disimulo pintándome los labios, intanto ignorar el runrun que me ronda la cabeza:
el seguir haciendo hueco al orgullo cuando se nos pasa la vida, está ganando al "ha hecho falta que te vayas, para que vengan".

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