Es lunes, y no has venido.

Noches de gritos ahogados que no llegan a su destinatario, de autosúplica por 'no lo vuelvas hacer, hazte valer'. Palabras que nunca fueron dichas, se repiten en esta garganta seca de tanto llorarle al amor.
El pellizco del corazón lleva tanto tiempo dentro que me ha pedido domiciliar el pago a suspiros.
Dices que aún no te has ido, pero yo ya no te siento cerca, parece que el billete de nuestro viaje caducó antes de tiempo sin darme cuenta. Ya me cuesta hasta soñar, quién lo diría.
Estaré a las ocho menos diez como cada lunes, donde siempre, esperando tímidamente a que tengas alguna iniciativa y que no sea yo quién te pida nada, sólo sean tus ganas desenfrenadas la que te rogen por favor que vengas a darme un morreo de buenos días.
La paciencia también se acaba.

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