Otra vez las migrañas no me dejan en paz.

Es un desengaño propio, ver como la vida te supera y te hundes por no entender porqué en ella todo se acaba.
Quizás la solución sea mirar para otro lado cuando algo te decepciona, pero es que ya he girado la cabeza a los cuatro puntos cardinales de mi día a día y todos están nublados o de incertidumbre o de desamor.
Puestos a elegir si es que se puede, prefiero quedarme aquí encerrada bajo mi propio techo y siéndole infiel a mis pensamientos con cualquier libro o papel que se me ponga por delante, soy un poco golfa en eso.
Tengo ganas de cansarme de esperar, de ser yo la que me haga de rogar, pero no se me da nada bien. Por suerte o por desgracia, siempre se esconde por mi corazón algún resquicio de esperanza, anhelando que alguien le saque a pasear de la mano y le de unos nuevos ojos para ver todo lo que ha tenido siempre delante y no ha sabido valorar.
- Date un paseo, ve corre y te despejas, aquí te espero yo cuando vuelvas. - Me ha dicho mi madre, y estoy deseando que sea la hora para ir a reirme a sus brazos ocultando el llanto de la soledad que se vive entre personas que no te aportan nada.
Y aquí estoy, otra vez esperando, siempre igual.

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