Trayectos.

La fatiga de este viaje a encontrar lo que perdimos se acentúa tras cada curva en la que tú no me esperas.
Mensajes vacíos, preguntas sin respuestas en mi mente: cómo hemos llegado a este punto en el que ya nada queda de lo que fuimos, y seguimos mirando hacía otro lado disimulando como si de lo nuestro no se tratara.
Los rayos de luz que se cuelan entre las nubes me dejan ciega, sólo veo fantasmas tirándome por la espalda, mientras que los que tengo enfrente me preguntan que dónde estás.  Cómo hemos llegado a este punto, en el que nada de lo que hagas tendrá credibilidad. Ojalá lo intentaras de verdad y lucharas tanto como dices por lo nuestro.
Odio esperar y parece que es lo único que se me da bien hacer, mientras me crujo los dedos y devuelvo en cada esquina, y grito con la mirada y todos los que me escuchan hacen oídos sordos.
Odio esperar, y en cambio lo sigo haciendo mientras me muevo por los días y los momentos esperando a que reacciones de una vez.
Se vuelve a acercar la noche, está acabando otro día, el tiempo y la vida se esfuman, y mientras me dices a ver si vienes a verme, sueño cada noche que cuando voy realmente lo que querías es volver a disimular y no sentirte culpable de que ya nada es igual. Pero yo aquí sigo esperando.

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