Inconsciencia.

El inconsciente, los sueños, nos hacen estar en lugares y personas como lluvia que resbala por árboles secos que aún sin merecerla, refresca a la vez que erosiona.
Un sueño al despertar puede provocar sentimientos hacía alguien que jamás creerías tener; una distancia demasiado corta que hace que desees que ocurra de verdad para conocer su piel y cumplir las ganas generadas al soñar.
Una presencia que notas sin querer pero queriéndolo, de alguien que se fue demasiado pronto y sin avisar. No te asustas porque sabes que es él, y no te hará daño. Entonces es cuando cruzas esa fina línea con la consciencia plena, quieres retenerlo y enseñarlo al resto de personas que sufren su pérdida con todas las ganas del mundo, pero se ha esfumado como el rocío de la noche ante el sol abrasador de un nuevo amanecer. 
En mi inconsciente, mi extensa imaginación florece entre las entrañas. Arañando por cada ausencia que pasa, echando raíces en la ilusión de un volver, que se deshacen al despertar, dejando rastro en pensamientos camuflados entre hojas secas.
El aroma de la melancolía se parece al de las amapolas en medio del mes de abril, disfrutando pétalo a pétalo cada rayo de sol con la consciencia de que está cerca su fin.
Algunas noches antes de soñar, cierro fuerte fuerte los ojos y me concentro en la última vez que nos quedamos con las ganas, para ver si así al dormir continúa mi mente la historia por donde la dejamos, y darle algún final a esta incertidumbre.
Algunas noches antes de soñar, cierro fuerte fuerte los ojos y me concentro en ti, siendo consciente que no puedo controlar el inconsciente, y a ver si así al dormir, puede descansar mi mente de verte lejos y verme sola en este final. Y no soñarte, tenerte.

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